Existe un patrón de evolución religiosa que comienza con la religión primitiva. Primero surgen nuevas percepciones sobre la naturaleza y la voluntad de Dios. Luego viene un período de consolidación en el que las personas aceptan esas nuevas percepciones y adaptan sus creencias para estar en armonía con ellas. Con el tiempo, se establece una ortodoxia de creencias que casi extingue el poder y la libertad de la inspiración original. Entonces, aparentemente de la nada, surge una nueva percepción que se basa en lo anterior y da inicio a un nuevo ciclo de progreso.
El Progreso es Lento
La religión crece y avanza mediante un proceso evolutivo que a veces es difícil de reconocer como progreso. Consideremos la historia judeocristiana y la evolución de las prácticas desde el sacrificio humano hasta el sacrificio animal. Algunas religiones en Palestina, en tiempos de Abraham (alrededor del año 1800 a.C.), sostenían que Dios exigía el sacrificio de los primogénitos. Abraham tenía listo el fuego del sacrificio para Isaac. Se preparaba para matar a su amado hijo, a quien consideraba un regalo especial de Dios. Cuando un carnero apareció entre los arbustos, Abraham lo interpretó como la provisión de Dios de un sustituto. Esta idea de Abraham cambió la práctica del sacrificio humano por el sacrificio animal.
Este cambio fue un paso significativo en la evolución de la religión. Ejemplos como este pueden encontrarse en todas las tradiciones religiosas y culturas del mundo.
Un Dios Castigador se Convierte en un Padre Amoroso
Los conceptos sobre Dios cambian y progresan con el tiempo. En las religiones más antiguas, Dios era alguien a quien se debía apaciguar y pedir favores. Esa visión de la relación de la humanidad con Dios cambió varias veces antes de Jesús. El entendimiento humano dio un gran salto cuando Jesús vino e instruyó que Dios es un Padre amoroso y cuidadoso de cada persona, y que desea una relación personal con cada uno, para guiarlos a ser más como Él. Jesús enseñó que ese crecimiento se logra volviéndose más amoroso y servicial hacia todos.
Las enseñanzas de Jesús fueron transformadoras para quienes las escucharon, también iniciaron otro ciclo de progreso religioso evolutivo, pero no se completó porque mucho de lo que enseñó no fue preservado. Esas instrucciones perdidas han sido restauradas, y verdades adicionales sobre Dios han sido reveladas en El Libro de Urantia.
Una Nueva Evolución de la Verdad
El Libro de Urantia ha sido dado a todos nosotros y contiene una gran cantidad de información que permitirá un nuevo avance en la comprensión de la relación de cada persona con Dios, así como de sus deberes hacia Dios y hacia la humanidad. Y esta no será la última revelación celestial de la verdad que recibiremos.
El Libro de Urantia no es una nueva religión creada a partir de creencias humanas. Es, más bien, una nueva verdad para el beneficio de todas las religiones. No busca desafiar la existencia de ninguna religión, sino ofrecer nueva energía para fomentar el progreso en todas ellas. Enseña la relación personal con Dios directamente, tal como lo enseñó Jesús. Promueve un comportamiento moral y ético hacia los demás, como lo demostró Jesús.
El Próximo Gran Paso
El Libro de Urantia anima a las personas a dar el próximo gran paso en la evolución religiosa: una relación personal constante con su amoroso y misericordioso Padre espiritual, quien vela por el bienestar espiritual de cada individuo. El libro afirma que cualquier persona puede tener una relación única y personal con Dios. Esta relación no es nueva; a lo largo de los siglos, algunos la han descubierto, pero pocos sistemas de creencias la han promovido. Ahora, un nuevo mensaje de Dios vuelve a revelar la posibilidad de una amistad con Dios para cada persona.
El Libro de Urantia trata de muchos temas de importancia religiosa, ética, social y personal. Explóralo porque puede llegar a tener información de interés para ti. El Libro de Urantia te dará consuelo y renovará tu optimismo.